Lunes, 13 Mayo 2019 09:47

Formación Espiritual vrs Formación Académica

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En una escuela cristiana las oportunidades para el discipulado abundan, yasea durante la instrucción o las actividades extracurriculares. En el flujo natural de la vida escolar—el aula, el patio de recreo, las artes o deportes—los estudiantes tienen oportunidad de aplicar la verdad bíblica a sus vidas en un ambiente con gran potencial para la formación espiritual.

Esta formación espiritual—sinónimo de crecimiento espiritual o santificación—es el proceso por el cual Cristo es formado a plenitud en nosotros, producto de la obra del Espíritu Santo en el contexto de significativas relaciones de discipulado (Gál 4:19). Pablo escribe: «Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.» (2 Cor 3:18 RVR). El Espíritu Santo, viviendo dentro de los creyentes (Rom 8:9-11; 1 Cor 3:16) está obrando para transformarlos, fortalecerlos y equiparlos para una vida piadosa y un servicio cristiano eficaz (Gál 5:22-23; Rom 12:1-8). Un componente esencial del discipulado en una escuela cristiana es la presencia tangible del Espíritu Santo en el proceso educativo. El verdadero discipulado siempre comienza con el mensaje evangelístico de la nueva vida en Jesucristo, para luego pasar, como es natural, al proceso de crecimiento espiritual, culminando en una vida cristiana victoriosa. Esto ocurre cuando piadosos educadores cristianos son capacitados por el Espíritu Santo para modelar y hablar la verdad de la Palabra de Dios en la vida de sus estudiantes.

La Biblia es el libro más importante en una escuela cristiana. Todos los días, nuestros estudiantes aprenden a escuchar y reconocer la voz de Dios a través de un currículo permeado por la palabra de Dios, en un entorno de relacionamiento con educadores auténticamente cristianos. Debemos seguir las instrucciones que Pablo da a Timoteo: «Predica la Palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar.» (2 Timoteo 4:2, NVI). El Dr. Glen Schultz dice:

Sin importar el nombre que esté colocado a la entrada de cualquier escuela, la educación del Reino solo tiene lugar donde la Palabra de Dios es central para toda la instrucción. Solo tiene lugar donde los maestros piensan y actúan desde una cosmovisión bíblica, y esto solo puede suceder cuando el maestro estudia la Palabra tanto como él o ella estudia la materia que enseña.1

Sin embargo, la educación cristiana debe incluir más que la enseñanza de la Biblia. En el proceso de enseñanza y aprendizaje, cada materia académica es importante y se convierte en una oportunidad natural para la integración bíblica. El estudio de la ciencia, la historia, la lengua o las matemáticas es una oportunidad para comprender a plenitud la creación de Dios y nuestro lugar en ella. De hecho, la mejor manera de entender «…Sus atributos invisibles, Su eterno poder y divinidad» (Rom 1:20 NBLH) es estudiando lo que Él ha creado. La excelencia académica es un derivado natural de una educación centrada en Cristo. Los cristianos tenemos una importante razón por la cual estudiar: entre más entendemos a Dios y su creación más eficaces seremos en la obra del Reino. Durante el cautiverio en Babilonia, Dios le dio a Daniel y a sus tres amigos hebreos: «conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias… en todo asunto de sabiduría e inteligencia… diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino.» (Daniel 1:17, 20). Richard Riesen dice:

Los educadores cristianos deben interactuar intelectualmente con el mundo, incluyendo asuntos de relevante actualidad. Lejos de apagar nuestro interés por el trabajo académico, nuestra fe debe inflamarlo. Ese debe ser el mensaje que los estudiantes reciban en las escuelas cristianas: no hay tal cosa como una educación cristiana que sea excesivamente académica.2

Las personas a veces me preguntan: ¿Qué es lo que más valoras de una educación cristiana? ¿La formación espiritual o la preparación académica? Mi respuesta es ¡ambas! No veo estas dos tareas como cosas separadas. Una requiere a la otra. Y en el ministerio de la educación cristiana, ambas se obtienen de forma simultánea, a través de un proceso de enseñanza y aprendizaje que esté permeado por la Biblia. Solo la preparación académica, sin formación espiritual, no es suficiente. «La sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios…» (1 Cor 3:19). Nuestros estudiantes necesitan el poder del Espíritu Santo obrando en sus vidas, para poder tener vidas santas que produzcan un servicio cristiano eficaz. Pero una formación espiritual sin el rigor académico para servir a Dios como embajadores en este mundo también es ineficaz. Así como Jesús «crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.» (Lu 2:52) nuestra formación debe ser balanceada e integral.

Al igual que los siervos de Dios en la Biblia, bien preparados, tanto académica como espiritualmente, nuestros estudiantes deben estar enteramente equipados. Los llamados a prepararlos y equiparlos somos nosotros. 

 

1Glen Schultz: Kingdom Education: God’s Plan for Educating Future Generations [Nashville: Life Way Press], 2002, p. 125.

2Richard Riesen: Piety and Philosophy: A Primer for Christian Schools [Colorado Springs: Purposeful Design Publications], 2002, p. 93

 


Stephen Reel es el actual Director Ejecutivo y CEO de ACSI y ha servido la causa de la educación escolar cristiana como profesor y director por más de 25 años. Este artículo es un extracto de su libro “Enfoque claro”, pp. 132-134 

Visto 1226 veces Modificado por última vez en Jueves, 11 Junio 2020 12:21