Lunes, 09 Noviembre 2020 08:42

Del temor a la esperanza: un cambio radical de mentalidad Destacado

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En este tiempo, en el cual ha habido muchos cambios precipitados y sin precedentes, los docentes han sido llamados a dar la milla extra, aún más que de costumbre. Especialmente durante este tiempo de pandemia donde las rutinas han sido interrumpidas, la incertidumbre es el tema del día y el flujo de nuevos acontecimientos es continuo. Puede ayudar el detenerse del ajetreo del día a día y reconocer los temores que acompañan a los cambios como docentes. Seamos honestos, si hablamos colectivamente, todos tememos perder nuestras históricas instituciones, la forma en que siempre hemos hecho las cosas o las escuelas de cuatro paredes como siempre las hemos conocido. Además, tenemos miedo de volvernos irrelevantes, que lo que estamos haciendo no sea valorado en el futuro. Tenemos miedo de la incertidumbre, de no saber exactamente qué hacer, de no tener esa "mejor práctica" que sabemos con certeza que funciona. Tememos que la supervivencia de nuestra escuela dependa de nosotros.

Temor a tomar riesgos

Sospechamos que esta situación pueda empeorar más y el futuro se pueda tornar más oscuro. Reconozcámoslo, tenemos miedo de lo que todas estas consecuencias del fracaso significan para nosotros. A nivel personal: la pérdida de estima ante los ojos de los demás; el posible cierre de nuestras escuelas, que nos afecta directamente; perder nuestro propio sentido de seguridad, ya sea a través de nuestro trabajo, nuestro cargo o nuestra posición en la comunidad; o tal vez incluso perder nuestro sentido de autoestima. Sí, estos miedos son carnales, pero van a lo más profundo de quiénes somos cuando somos los más vulnerables, los más rotos. Y, en última instancia, y probablemente debido a estos temores, tenemos miedo de correr riesgos.

Sin embargo, no estamos solos. En la parábola de los talentos (Mateo 25) leemos acerca de un siervo que “no se arriesga” porque tiene miedo, no muy diferente a muchos de nosotros. A diferencia de los otros dos sirvientes de la parábola, que invierten el dinero del señor y lo duplican, el tercer sirviente confiesa: “Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo” RV60 (v. 25, énfasis agregado). El mantener el ‘statu quo’ fue el método de autoconservación que usó este siervo impulsado por el miedo.

El amo se decepcionó de ver la elección mediocre que el siervo tomó y le llamó "malo" y en su lugar, premia a los otros dos sirvientes que se arriesgaron. Castigó al que tenía miedo y no invirtió sabiamente lo que el maestro le había dado. En esta parábola, aprendemos que no hay recompensa por ir a lo seguro, por quedarse atemorizado en lugar de invertir en fe como Dios nos ha pedido (Josué 1:9).

Inversiones riesgosas, pero sabiasChecklist xl copy

Como docentes cristianos, Dios nos ha pedido que invirtamos sabiamente cierto número de talentos, ya sean los nuestros propios, los de nuestros estudiantes o de nuestras familias. Estos incluyen tiempo, habilidades humanas, finanzas, preparación académica, recursos físicos y relaciones. Dado el cambiante clima educativo y cultural actual, aquí hay algunas inversiones "riesgosas" que debemos hacer con estos talentos:

  • Visualizar de forma diferente nuestro horario para incluir oportunidades de aprendizaje grupal o experimental para los estudiantes.
  • Abrazar nuevas tecnologías dentro y fuera del aula, así como tiempos de silencio alejados de esas tecnologías para promover la quietud y la reflexión.
  • Asociarse con otra escuela, iglesia u organización comunitaria cristiana para trabajar juntos hacia metas comunes y compartir recursos.
  • Cambiar las políticas de admisión o de ayuda financiera para responder a las necesidades actuales de las familias de manera más efectiva y así 
    asegurar que un mayor número de estudiantes, sin importar su origen o nivel socio-económico, tenga acceso a la educación cristiana.
  • Considerar fuentes alternativas de ingresos, más allá del modelo tradicional de matrícula y recaudación de fondos.
  • Embestir a los docentes con mayor responsabilidad para mantener la cultura educativa de la escuela y empoderarlos por medio de oportunidades de desarrollo profesional y evaluación de pares.
  • Asignar recursos para atender a los estudiantes, familias y comunidades que tradicionalmente han estado desatendidas.
  • Brindar a los estudiantes más oportunidades para expresarse, así como experiencias en las que puedan ejercer liderazgo.
  • Reenfocar prácticas curriculares y pedagógicas del pasado y nutrir aquellos medios de aprendizaje que realmente fortalecen, en lugar de dañar, a los estudiantes y maestros como portadores de la imagen de Dios.
  • Asumir un papel más activo y participar activamente en nuestras comunidades y el gobierno, a través del servicio y la incidencia.
  • Poner fin a los programas y prácticas heredados, para crear la capacidad de hacer algo nuevo que Dios está comisionando.

Seríamos negligentes en este punto si no dijéramos que muchas escuelas pueden haber tenido planes para hacer lo anterior, pero la pandemia COVID-19 vino a estropear esos planes. Alentamos a los centros educativos y a sus educadores a replantear estas circunstancias, preguntándose a sí mismos qué oportunidades nos ofrece el COVID-19 para acelerar o mejorar estos planes. Para hacer esto, será crucial tomarse el tiempo y espacio que tanto necesitamos para mantener nuestros ojos, corazones y oraciones en el panorama general del cambio en los próximos meses. Esto nos ayudará a mantenernos enfocados en la esperanza a largo plazo que Dios nos prometió y no los temores diarios que enfrentamos al educar durante una pandemia.

Retorno de la inversión

Como educadores cristianos, sabemos que estamos invirtiendo bien nuestros talentos cuando obtenemos buenos resultados de esa inversión, los cuales medimos principalmente a través del aprendizaje y el discipulado de los estudiantes. Un buen retorno de la inversión también significa que nuestros líderes, docentes y personal administrativo están dando muestras de crecimiento personal y que tenemos relaciones sanas y positivas con las familias, las iglesias y nuestras comunidades educativas. Al igual que en la parábola, este tipo de beneficios se obtienen al tomar riesgos y confiar en Dios para el resultado, no al jugar a lo seguro por temor.

[NOTA DEL EDITOR: Esta publicación es un extracto de un libro de ACSI publicado en inglés. Para seguir leyendo más de este capítulo y descubrir cómo los educadores cristianos pueden pasar del miedo a la esperanza, así como de la escasez a la abundancia, del aislamiento a la comunión, del blanco al mosaico, de Gutenberg a la red de internet 5G y de la apatía al compromiso, consulte MindShift: Catalyzing Change in Christian Education, disponible en Amazon.com y en la tienda de PDP.] 

Esta nota se publicó originalmente en inglés en el blog de acsi.org en octubre de 2019. Se tradujo al español con algunas adaptaciones pertinentes a la situación actual.

 

Autores

ACSI - Lynn Swaner ACSI blog contributor

Dr. Lynn Swaner: Directora de Estrategia e Innovación de ACSI USA. Autora, conferencista e investigadora educativa de la Association of American Colleges and Universities - AAC&U - en Washington, D.C.

Jay Ferguson

Jay Ferguson, JD, PhD: Director de Grace Community School en Tyler, Texas. Profesor adjunto en Covenant College, Gordon College y Dallas Baptist University. Asesor, conferencista y autor en educación cristiana. Miembro del Consejo Directivo de ACSI USA.

Visto 366 veces Modificado por última vez en Martes, 10 Noviembre 2020 12:56