Jueves, 11 Febrero 2021 10:51

De la Crisis a la Esperanza Destacado

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En la Academia de Liderazgo realizada en octubre de 2019 en la ciudad de Panamá —la última conferencia presencial realizada por ACSI Latinoamérica antes de esta pandemia— desarrollamos conferencias en torno al lema “Estrategia y Esperanza ante las Amenazas”. ¡Poco imaginábamos lo importante que ese tema sería para los meses que venían por delante! En ese momento, la amenaza más importante que veíamos y en torno a la cual construimos toda la temática de la conferencia era la ideología de género. ¡La pandemia logró más en contra de la ideología de género de lo que podríamos haber imaginado! No se ve a ningún funcionario o agitador social protestando la razón por la cual en las estadísticas oficiales de muertos y contagiados de COVID solo se reportan “hombres y mujeres”. Aunque la agenda globalista sigue adelante con la triste aprobación de leyes abortistas en Argentina y otros frentes, al menos a los centros educativos nos han dejado temporalmente en paz. La mayor amenaza global que enfrentamos ahora no es ideológica o gubernamental. Es microscópica pero con un poder destructivo espantoso, no solo a nivel físico, sino social, mental, emocional y espiritual.

Permítame proponer una manera de enfrentar esta amenaza y es justamente con esa combinación de estrategia y esperanza de la que hablábamos en nuestra última conferencia para líderes educativos. Estrategia es lo que naturalmente hemos hecho para paliar la crisis y cotidianamente seguimos haciendo al hacer y ejecutar planes estratégicos. ¡Lo que más necesitamos ahora es una buena dosis de esperanza!

La esperanza es la virtud que, de las tres que Pablo destaca en 1 Corintios 12, es la menos entendida y que es más desafiante practicar. Con el amor y la fe no tenemos mayor problema. En mayor o menor medida todos nos confesamos cautivos del amor y practicantes de la fe. Pero la esperanza no es tan popular. Será porque implica algo que no nos gusta hacer que es… ¡esperar! Esperar lo mejor. Esperar que cosas buenas sucedan. De pronto como tantas veces hemos sido decepcionados al poner nuestras esperanzas en un equipo de fútbol que nunca clasifica o pasa de cuartos de final en la copa mundial o en que finalmente se den cuenta la estrella que soy y me aumenten el sueldo en el colegio, pues preferimos mejor no abrigar esperanza alguna de nada, especialmente en un escenario deprimido como el actual. Pero, esto que he descrito no es esperanza, es simplemente optimismo mal fundamentado. Tu equipo no es tan bueno como crees ni tu desempeño es tan brillante como piensas. El problema con eso que damos por llamar “esperanza” es que no es más que optimismo, mente positiva y buenos deseos.

Sin embargo, la Palabra de Dios una y otra vez nos exhorta a cultivar una actitud de auténtica esperanza ante la adversidad. Esta esperanza se fundamenta, no en pensamientos positivos o felices deseos, sino en la Palabra de Dios. Nuestra esperanza está anclada en las promesas de un Dios que no falla, que no cambia, que es Todopoderoso para cumplir lo que ha prometido y sostener a los que le aman, a los que invocan su nombre y esperan solamente en Él. No confundas optimismo con esperanza. La esperanza que es en Dios dice Romanos 5 que no defrauda, no decepciona. Es la clase de esperanza que viene como resultado de tribulaciones que producen resiliencia, la resiliencia produce un carácter probado y un carácter a toda prueba, curtido por la resistencia paciente y perseverante ante la adversidad, es lo que finalmente produce esta calidad de esperanza. La esperanza que necesitamos es el producto final de un doloroso pero certero proceso de crecimiento y maduración. Este comienza con sufrimiento, dolor y angustia, pero que tiene un fruto por el que vale la pena… esperar.

La esperanza de este inicio de ciclo escolar no está en la eficacia de tal o cual vacuna; o en lo novedoso y atractivo de nuestro programa en línea a prueba de desánimo estudiantil (¡el cual puede ser más contagioso que el virus!). La esperanza de que nuestro modelo educativo cristiano prevalezca a pesar de pandemia, crisis económica, restricciones de gobierno o las puertas mismas del infierno, es porque nuestro fundamento es Cristo. ¡Por eso la llamamos educación “cristiana”! Cristo está al centro, Cristo debe estar al centro del programa académico, su Palabra al centro del currículo y su carácter al centro de tu vida y de la mía. Solo así seremos los instrumentos que Él usará para transformar la vida de nuestros estudiantes y que ellos aprendan lo más importante que pueden aprender en nuestro colegio, lo que Cristo dijo que eran los mandamientos más importantes que debíamos obedecer; lo que difícilmente les enseñarán en otra parte: amar a Dios, con todo su corazón, con toda su alma, con todas sus fuerzas y su mente y amar a su prójimo como a sí mismos.

Visto 120 veces Modificado por última vez en Viernes, 26 Marzo 2021 10:53
Estuardo Salazar Gini

Director Continental de ACSI Latinoamérica desde 1990, responsable de proveer liderazgo al equipo que ofrece programas, servicios y recursos a instituciones educativas a todo nivel en México, Centro, Sudamérica, el Caribe y el resto del mundo de habla hispana. Conferencista internacional, cuyas disertaciones han sido escuchadas en los últimos 30 años por una audiencia combinada de más de 36,000 educadores, estudiantes y padres de familia en 20 países de Norte, Centro, Sudamérica, el Caribe, Asia y Europa. Posee una maestría en Liderazgo Educativo de Regent University (Virginia, 1996) y una licenciatura en Teología del Seminario Teológico Centroamericano (Guatemala, 1985).  Actualmente es doctorando en Liderazgo Organizacional (DLO) en la Universidad San Pablo de Guatemala.  

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