Viernes, 15 Mayo 2020 10:38

¿Hasta qué edad deben dormir los niños en la habitación de sus padres?

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Respuestas fundamentadas a preguntas complejas del entorno familiar, con el objetivo de glorificar a Dios con la crianza de nuestros hijos.

Hemos estado llevando a cabo los talleres de Educación en Sexualidad desde Casa con la Dra. Catalina Moscoso, especialista en el tema. Esto nos ha permitido conocer las inquietudes, dudas de los padres y la necesidad de una informacion clara y saludable sobre el desarrollo de sus hijos, basados en los principios establecidos por Dios en Su Palabra.

Muchos y diversos temas se han desprendido de estos espacios, muchas preguntas en el tintero sin responder. Esto nos ha animado a crear este blog donde diversos profesionales cristianos estarán respondiendo de una forma llana, práctica y bíblica éstas y otras inquietudes propias de familias que enfrentan desafíos muy particulares de este siglo. 

¿Hasta qué edad deben dormir los niños en la habitación de sus padres?

Es natural que al nacer y durante la lactancia los padres se sientan más seguros cuando tienen a su bebé cerca. Esto facilita enormemente el atenderlo, alimentarlo y calmarlo cuando se despierta. Los padres, exhaustos, van creando un entorno que les ayude en este proceso, y eso está bien. El problema surge cuando se convierte en un hábito indefinido. La pregunta sería, ¿cuándo debemos empezar a entrenar a nuestro bebé a dormir en su propia habitación? La respuesta es, mientras antes, mejor. 

Cuando el niño nace, pasa un tiempo hasta que su cerebro se modifica y comienza a percibirse como un cuerpo diferenciado de la madre. Dios, en su infinita sabiduría, diseñó el sistema de la lactancia para que esta transición sea gradual, natural y nutricia. Es primordial que, durante los primeros meses, el bebé experimente los mismos estímulos sensoriales que recibió durante los nueve meses en el vientre de su madre: los latidos del corazón, la voz y el estilo de comunicación que estableció durante el embarazo. Más adelante, la criatura aprende a reconocer el olor y, poco a poco, las facciones del rostro de su madre así como el toque de su cuerpo cuando lo higieniza y lo acaricia. Este vínculo, basado en responder las necesidades básicas del niño en sus primeros meses de vida, es determinante para un desarrollo saludable posterior. 

Unos padres sanos satisfarán las necesidades de su bebé con diligencia y gozo, la mayoría de las veces. El impulso de protegerlo y amarlo serán mayor que el cansancio y el desgaste emocional que indudablemente genera. Pero también, unos padres sanos pondrán límites a las demandas del bebé y no sentirán culpa o ansiedad paralizante cuando sea hora de “separarse” de él. Los padres necesitan recuperar, lo antes posible, el sentido de privacidad, intimidad y reconocer que “este es el espacio de los adultos”. La habitación conyugal no puede ser el parque de diversiones o el centro de operaciones de la casa. Siempre que la estructura de la casa lo permita, los niños deben tener un lugar específico para ellos, donde duermen, juegan y pueden pasar tiempo solos sin sentirse abandonados o en peligro. 

Estas experiencias primarias contribuirán luego a que el niño pueda reconocerse como un miembro más de la familia que, siendo muy amado y respetado, no constituye el centro de la dinámica familiar. El niño necesita reconocer su “lugar” en la familia, que ciertamente no es en la habitación de los padres. 

Escrito por: Karen Ovalles

Psicóloga Clínica-Terapeuta Familiar, Master en Educación de Indiana Wesleyan University, cuenta con más de 20 años de experiencia en práctica privada de atención y prevención de trastornos emocionales.  Le apasiona el acompañamiento familiar y la construcción de proyecto de vida basados en principios y valores cristianos.  Ama la docencia universitaria, lo cual le ha granjeado dos premiaciones a la excelencia académica.

Visto 233 veces Modificado por última vez en Miércoles, 10 Junio 2020 17:54