Por Carolyn Palmer

cel-fraseCuando era adolescente y quería hacer planes con mi mejor amiga para ir a ver el partido de fútbol (en ese tiempo era el punto de reunión social), la tenía que llamar por teléfono. Si tenía suerte, ella tenía extensión de teléfono en su dormitorio y podíamos platicar en privado; si no, usábamos el teléfono principal de la casa. También si me atrevía, le mandaba una nota y se la entregaba en clase o platicábamos a la hora del receso. Hoy en día los jóvenes hacen llamadas desde su celular y raras veces se ve en las aulas que los estudiantes se pasen notitas.

Parece ser que los planes
 se hacen a través de mensajes de texto, o escribiendo a través de las redes sociales, incluso creando actividades 
en Facebook para que los invitados confirmen su participación por ese medio. Aunque por años las escuelas han estado advirtiendo a los estudiantes acerca de los peligros de los medios sociales, muchas escuelas han empezado a usar este tipo de tecnología. Incluso he observado que varios sitios web de escuelas cristianas tienen su propia página en Facebook.

¿Por qué el cambio? ¿Por qué las
 escuelas que antes hacían juntas de
 padres de familia para advertir el peligro que los estudiantes compartieran su vida a través de una red global ahora eligen ser parte de los medios sociales?

Mi propia escuela ha luchado con los mismos temas, tratando de tener sabiduría y discernimiento y siendo lo suficientemente flexibles para tomar ventaja de la tecnología que beneficia y anticipa nuestra misión. Como escuela modelo, tenemos la responsabilidad de informar a los padres de familia y de enseñarles a los estudiantes con un alto llamado.

Es un valor medular de nuestra escuela que los maestros son los discípulos vanguardistas que Dios usa para ayudar a los estudiantes para desarrollar una cosmovisión personal. Aunque los métodos de discipulado pueden cambiar con el tiempo, el principio de impactar la vida de los estudiantes no debe cambiar. El discipulado en nuestra escuela se da de muchas formas. Algunos maestros todavía se comunican por medio de notas escritas, otros invitan a sus estudiantes a su casa. Muchos fortalecen la vida de los estudiantes a través de actividades y deportes extracurriculares y otros eligen comunicarse con sus estudiantes a través de Facebook y Twitter.

Cualquier medio que se utilice, esperamos y oramos que los estudiantes vivan vidas rodeadas de Cristo y que, conforme vayan madurando y creciendo, cultiven el fruto que la Biblia promete para una vida llena de gracia (Gálatas 5:22-23). La misión de nuestra escuela declara: “inspiramos a nuestros estudiantes en una comunidad llena de gracia para descubrir a Dios y Su creación, desarrollar sus dones y habilidades y mostrar a Cristo en su vida”. Nuestros estudiantes muestran su compromiso con la vida y les enseñamos que su vida se demuestra 24/7 ante Cristo y la comunidad escolar. No dividimos la conducta sino pedimos que los maestros y estudiantes sean responsables viviendo una vida con principios bíblicos siempre.

Tampoco motivamos o desanimamos a nuestro personal docente por interactuar con los estudiantes a través de los medios sociales. Algunos miembros del personal (incluyéndome a mí misma) aceptamos solicitudes de amistad de los estudiantes. No le pedimos a los estudiantes que acepten nuestras solicitudes, pero en lo personal, aprovecho la oportunidad para compartir fotografías de nuestras graduaciones y animo a los estudiantes a comentar las publicaciones o los desafío cuando sucede algo suspicaz. El discipulado no está limitado a las paredes de la escuela; no termina cuando los estudiantes salen por la puerta de la escuela. Muchos maestros siguen relacionándose con sus estudiantes cuando ya están en la universidad o forman una familia.

No todos los maestros aceptan solicitudes de amistad. Dichos maestros algunas veces son más jóvenes y consideran el impacto que pueden tener para mantener la autoridad en el aula. Cuando los estudiantes les preguntan sus razones por no aceptarlos como amigos en redes sociales, estos maestros rápidamente responden que les gustaría interactuar con ellos una vez que se hayan graduado.

Esta filosofía y práctica no puede funcionar en todas las instituciones pero es una extensión de lo que Hebreos 12:1-2 dice: “… corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe” (NVI). Para vencer temas difíciles es necesario tener tiempo y disposición para prepararnos porque (como nosotros), los adolescentes son pecadores que necesitan el perdón del Salvador.

Carolyn Palmer es directora de la escuela cristiana Westminster en Elgin, Illinois.

… o no usar las redes sociales

por Becky Shamess

Algunas veces me pregunto si la conectividad se ha convertido en el último ídolo que los cristianos buscan. Enviamos mensajes de texto, publicamos mensajes en twitter, escribimos en nuestros blogs, “hacemos amigos”. Incluso algunas veces escuchamos que nuestros estudiantes expresan sus sentimientos de aislamiento provocado por su “conexión”. Después de ir durante una semana a Guatemala, en enero del año pasado, estuve totalmente desconectada de toda la tecnología común y uno de nuestros estudiantes comentó que tenía terror de regresar a su computadora y celular. Las relaciones personales que construimos durante una semana le impactaron de tal forma que no quería regresar a las relaciones que había formado estando conectado a la tecnología.

500x500Un tema complejo, es el tema de las redes sociales. Como cualquier otra innovación tecnológica, se puede usar para bien peros desafortunadamente también puede usarse para el mal, incluso con
malos propósitos. Nuestro rol en la educación de nuestros estudiantes es usar los dones de Dios en la tecnología de tal forma que nos acerquen a Él. Es difícil tratar este tema y en lo personal luchamos con esta afirmación durante dos años antes de adoptar la política que le prohíbe a los maestros entrar en una relación de redes sociales con sus estudiantes. Nuestras razones eran las siguientes:

  1. Aunque queríamos convencernos que no iba a suceder, reconocimos el peligro asociado con las interacciones privadas entre los estudiantes y maestros. Estoy consciente de algunas circunstancias poco agradables con los medios de comunicación electrónicos que sucedieron en escuelas cercanas. Aunque probablemente es la razón más débil para restringir las redes sociales (porque sabemos que Dios nos protege), nuestra política protege tanto a los maestros como a los estudiantes.
  2. También consideramos el rol de los padres de familia. Después de todo, son los que se presentarán ante Dios y darán cuenta de cómo educaron y prepararon a sus hijos. Sin embargo, ya que actuamos en loco parentis (en lugar de los padres) queremos mantener la comunicación con los padres de familia como sea posible. Gastamos miles de dólares cada año para darle mantenimiento a los programas de computación que tenemos en los laboratorios de la escuela y nos permite tener esta capacidad. Cada dirección de correo electrónico de los padres de familia y de los maestros está disponible a través de este sistema. Los padres y los estudiantes saben cómo pueden localizar a los maestros cuando necesitan. Sin embargo, cuando un estudiante se comunica con un maestro vía electrónica, el mensaje entra directamente a la cuenta de correo electrónico del padre de familia y (oramos) porque sea de su conocimiento y estén bajo su supervisión. Por supuesto, conocemos a muchos buenos padres de familia que están pendientes de las actividades de sus hijos, incluyendo sus actividades a través de las redes sociales pero desafortunadamente hay muchos padres que no se preocupan por ello. Esperamos que la comunicación que sucede entre los maestros y estudiantes sea clara ante los padres de familia y esto sea un catalizador en la conversación entre los padres e hijos.
  3. Finalmente, como en la mayoría de las escuelas Cristo-céntricas, damos alta prioridad a las relaciones completas y positivas de nuestros estudiantes. Intencionalmente les hablamos, los escuchamos, oramos con y por ellos y les enseñamos. Nuestros estudiantes saben que les amamos pero no somos sus amigos. Algún día seremos amigos pero mientras están bajo nuestro cuidado, queremos invertir en su vida y amarles como personas que tienen autoridad sobre ellos. Por lo tanto, hemos decidido no observar sus idas y venidas a través de las redes sociales o permitir que ellos tengan acceso a la nuestra, un fenómeno que puede limitar nuestra curiosidad. Por ello, oramos porque a través de nuestro ejemplo, los estudiantes puedan aprender lo que Pablo dijo “a procurar vivir en paz con todos, a ocuparse de sus propias responsabilidades y a trabajar con sus propias manos” (1 Tesalonicenses 4:11, NVI).

Nuestra política no es perfecta, y sin duda con el tiempo tendremos que perfeccionarla. Mientras tanto, continuamos discipulando la vida de nuestros estudiantes, usando los dones de Dios en la tecnología para establecer y mantener las relaciones con los amigos en otros países, esperando que algún día el Señor nos permita ver a estos amigos cara a cara. Con seguridad, este anhelo por tener contacto personal es un reflejo del anhelo de los creyentes de un día ver a nuestro Salvador cara a cara (1 Corintios 13:12).

¡Ven Señor Jesús!

MA. Becky Shamess es directora de la escuela cristiana Cornerstone en Bloomington, Illinois.

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